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Página web sobre las
ceremonias del Desenclavo en Galicia

Base de datos
de Desenclavos en
Galicia

Vídeo desenclavo de Ares
(A Coruña).
Felipe Ogando, 2011 |
Representaciones de la Pasión
Se ha cuestionado el origen de las Pasiones medievales en sus ramas
latinas y vernáculas, y se especula con el papel que las Pasiones
narrativas y las Pasiones juglarescas jugaron en el desarrollo de los
dramas de Pasión, pero permanece todavía en vigor la tesis evolucionista
que ve en las Pasiones medievales un desarrollo de la ceremonia
litúrgica de la Depositio que se celebraba en numerosas iglesias
el Viernes Santo.
Comenzaba el ritual sacando el crucifijo en procesión
solemne, a continuación tenía lugar el rito de la Adoratio Crucis,
el cual desde el siglo X se desarrollaba con dos diáconos llevando una
cruz cubierta con un paño que iban descubriendo gradualmente al tiempo
que se cantaba el popule meus –conocido popularmente como los
Improperios– adorando luego la cruz y besando el madero todos los
miembros de la congregación. Posteriormente se introducía la cruz o una
imagen de Cristo en el sepulcro (la Depositio propiamente dicha),
en el cual permanecía hasta el Domingo de Resurrección, cuando se
deshacía la mortaja y Cristo salía de la tumba o se retiraba la cruz y
se colocaba de nuevo solemnemente en el altar mayor (Elevatio).
Durante los siglos X-XII, en la mayoría de los casos,
la dificultad práctica que presenta su realización se solucionaba de una
manera simbólica, colocando un pequeño crucifijo o una cruz procesional
en el sepulcro –normalmente el propio altar–. En algunos casos el
crucifijo era sustituido por una hostia consagrada y, en pocas ocasiones,
ya en el siglo XIII, por una imagen. Sin embargo, desde principios del
siglo XIV, el deseo de realismo lleva a la aparición de crucifijos en
los que la efigie de Cristo tiene los brazos articulados y puede
ser separada de la cruz lo que permite llevar a cabo sin dificultad las
ceremonias a las que ahora podemos denominar Desenclavo,
Descendimiento y Entierro. Desde finales del siglo XII (Pasión
de Montecasino) aparecen textos, primero latinos y luego en
vernáculo, y lo que en principio era una ceremonia mimada o con textos
litúrgicos, se convirtió en un verdadero drama en el que intervenían
actores (Nicodemo, José de Arimatea, las Marías...) que representaban un
libreto.
La presencia de este tipo de imágenes articuladas,
conocidas en todas las regiones de Europa, supone un testimonio evidente
de la existencia de representaciones teatrales, al menos mimadas, muchas
de las cuales perviven en la actualidad o han pervivido hasta tiempos
recientes.
En
Galicia, la abundancia de crucifijos articulados concuerda con otras noticias que confirman la existencia de este
tipo de ceremonias dramáticas: las Constituciones sinodales de Mondoñedo
(1541)
nos informan de la existencia de representaciones de Semana Santa
y el relato del visitador de Muxía (1547)
de “representaciones de la
pasión de Nuestro Señor”. Existen también numerosas noticias de ritos
similares en el área portuguesa, lo que lleva a pensar que estas
representaciones de Pasión debieron de ser abundantes en Galicia entre
los siglos XIV-XIX.
Otro caso
gallego de representación de la Pasión es el del Auto del
Prendimiento
de Pontevedra, que parece que iba al más allá de la
ceremonia litúrgica de contenido dramático y era realmente un Auto
teatral en el que se representaba con actores el Prendimiento de Cristo.
Lo organizaba la cofradía de la Vera Cruz y tenía lugar en la Plaza de
la Herrería, delante del convento de San Francisco, no se sabe
exactamente desde cuándo (al menos antes de 1647). En 1670 sabemos que
el guardián del convento de San Francisco, Fr. Juan del Río, pretendió
suspenderla, pero finalmente se hizo y se
mantuvo, aunque probablemente de manera discontinua, hasta 1701 cuando
desapareció definitivamente.
Gallega
es también, aunque escrita en castellano, la
Santa Pasión de Pero
Gómez de Ferrol, texto de la primera mitad del siglo XV que cabe
clasificar dentro de la poesía pasionística narrativa, pero de carácter
dramatizable y con rasgos que apuntan, al menos, a haber sido compuesto
pensando en una recitación pública del mismo, como ha demostrado su
editor Pedro M. Cátedra. A principios del siglo XX los folcloristas
recogieron en Galicia algunos Cantos de Pasión populares en verso
castellano (Veiga de Forcas, Noceda, Grandas de Salime...), o en
castellano y gallego como el de Arcos de Furcos (Cuntis, Pontevedra),
Muy populares fueron los cantos de El discípulo amado, las
Quejas de la Magdalena y El rastro divino, conservados en
versiones castrapas en varias localidades hasta finales del siglo XX
(véase
Arquivo Dixital del MPoG). No está
clara la antigüedad de estos Cantos, que solo podemos documentar
fehacientemente desde el siglo XIX, lo mismo que el Rosario de la
Buena Muerte recitado en las procesiones del Viernes Santo de Laxe y
Melide, en el primer caso en el contexto de lo que debió de ser una
representación popular de la Pasión de la cual solo quedan parte de los
textos
.
Los versos que hoy se recitan son en castellano, pero algunos
testimonios afirman que antiguamente eran en gallego (Pola túa
santísma morte, dainos Señor boa morte...), lo cual, de ser cierto,
indicaría una traducción, ya que el Rosario de la Buena Muerte es
una pieza en castellano, muy popular en la Semana Santa
castellano-leonesa, cántabra y asturiana, que todavía se canta en León y
en varias localidades de la provincia como Villalobar, Sopeña, La Mata
de Curueño, La Bañeza, Siero de la Reina, Quintanilla de Onsoña,
Villambroz.... De fecha controvertida y conservado en numerosos
manuscritos parroquiales, en algunos lugares también lo cantaban
plañideras en los entierros y parece que el texto fue difundido por
predicadores benedictinos. En el siglo XIX fue conocido en toda la
Península gracias a la imprenta y a que su rezo lo recomendaba el obispo
gallego Fray Rosendo Salvado. Al respecto de la expresión de Laxe: "dainos
Señor", hay que recordar que en León todavía pervive la procesión
franciscana del Dainos, antes del Rosario de la Buena Muerte,
denominada así por deformación popular de la forma verbal seguida del
pronombre enclítico: dadnos.
Tenemos
además en Galicia noticias de numerosas ceremonias del
Desenclavo, algunas desaparecidas a finales del XIX como la que se representaba
el Viernes Santo en la Iglesia de Santo Domingo de Santiago, cuyo
dramatismo hacía brotar el llanto y los gemidos de los fieles, la de
Lugo, celebrada al principio en la Iglesia de la Soledad y más tarde en
la de San Francisco; la de Ourense, donde el Cristo una vez desenclavado
se metía en una urna de cristal (Depositio), o la de Pontevedra, seguida
de una procesión del Entierro que recorría la ciudad entrando en
diferentes iglesias.
Hasta hace cincuenta años pervivieron
representaciones similares en Sta. Mª de Augasantas, Ribadeo, Mondoñedo,
Pontedeume, Santa María de Oirós, Allariz, Verín, etc., y todavía hoy se
continúa haciendo el Desenclavo -con Cristos articulados de los siglos XVI-XVIII- en Viveiro, Tui, Xunqueira de Ambía, Celanova, Cangas,
Moaña, Noia,
As Ermitas, Ares... y en Fisterra, donde en la actualidad un Cristo moderno
sustituye al famoso señor da barba dourada, en la representación
del Descendimiento.
No es fácil precisar la antigüedad de estas representaciones (más
de 100 casos documentados), ya que
de la mayoría de las que perviven en la actualidad o han pervivido hasta
tiempos recientes sólo tenemos noticias desde el siglo XIX. Sin
embargo, algunos indicios apuntan a un origen muy anterior. La
existencia de cristos articulados desde el siglo XIV, las noticias del
siglo XVI sobre representaciones de la Pasión y algunos testimonios
artísticos autorizan a pensarlo así.
La representación de Fisterra
, a la que ya me he
referido por incluir la escena de la Resurrección, tiene lugar en una
localidad estrechamente conectada con Santiago y con el culto jacobeo, y
en un “escenario” (el monte de San Guillerme) que debió de ser un lugar
sagrado desde la prehistoria, siendo cristianizado más tarde con una
iglesia medieval.
En la actualidad, el ciclo de Fisterra comienza el Jueves Santo con la
representación de la Santa Cena y el Lavatorio en un tablado levantado
en el presbiterio de la iglesia de Santa María das Areas. Intervienen en
la escena, mimada siguiendo el relato de tres narradores, un sacerdote
con dalmática representando a Cristo y los marineros de la localidad
vestidos con ropas de aguas como los doce apóstoles. A continuación se
celebra la Misa y, concluida, sale por el pueblo la procesión del Huerto
de los Olivos y se representa en un huerto improvisado con pinos, ramas
y luces el encuentro entre Cristo y Judas y la prisión de Jesús -un
actor que ha sustituido a la imagen- en una casa de la villa.
Al día siguiente, Viernes Santo, sale de la prisión
una procesión con la imagen de Cristo con la cruz a cuestas, escoltada
por soldados romanos que la llevan con una soga atada al cuello,
saliéndoles al encuentro las imágenes de la Virgen y la Verónica que
muestra la Santa Faz. Por la tarde, de nuevo en la iglesia, tiene lugar
el Desenclavo: una ceremonia en la que los vecinos, representando a los
personajes bíblicos (Nicodemo, José de Arimatea etc.), retiran los
clavos del crucifijo, pliegan sus brazos y lo descuelgan de la cruz con
la ayuda del sudario, situándolo sobre los brazos de la Virgen que, en
forma de Piedad, lo ofrece a la contemplación de los fieles. La
ceremonia no tiene diálogos, es simplemente un mimo realizado al ritmo
del relato de un orador que va describiendo los acontecimientos y dirige
con sus palabras los movimientos de los actores. Terminado el
Desenclavo, sale la procesión del Santo Entierro que concluye a media
noche depositando la imagen en el sepulcro de granito construido al
efecto en la ladera del monte de San Guillerme en el que se encuentra la
iglesia.
El plato fuerte del ciclo es la escena de la
Resurrección que se representa el domingo por la mañana. El sepulcro del
monte de San Guillerme se encuentra custodiado por soldados romanos que
huyen despavoridos al oírse el trueno-petardo que anuncia la
Resurrección. Aparece entonces un ángel, encarnado por un niño o niña de
la localidad, que abre la puerta del sepulcro y se sienta en una piedra
a la espera de las Marías que llegan con los ungüentos. Tras la sorpresa
de éstas por encontrarse el sepulcro abierto y vacío se entabla el
siguiente diálogo en castellano:
ANGEL: ¡Hijas de Salén!. ¿Por qué tristes y llorosas os postráis de
hinojos? ¿por qué llanto? ¿por qué lágrimas en los ojos? ¿qué queréis?
¿a quién buscáis? MAGDALENA: ¡A Cristo! OTRA MARIA: ¡Al que murió crucificado por nosotros! ANGEL:
No está aquí. Bien lo observáis. ¡Jesús ha resucitado! No
busquéis entre los muertos al que reina vivo. Cumplida está su profecía.
Id y dad en este día tan grata nueva a sus discípulos.
Entre gestos y expresiones de estupor las Marías
corren ladera abajo para encontrarse con Pedro y Juan, les comunican la
buena nueva y suben todos hasta el sepulcro donde comprueban que está
vacío y el sudario abandonado.
Entre tanto, se acerca, traída en andas, la imagen de Nosa Señora das
Areas a la que se dirigen las Marías dándole cuenta de la Resurrección
de su Hijo. Termina el ángel recomendando difundir la noticia por todo
el mundo y, entre aleluyas, se izan banderas, suenan los cohetes y la
música, y un coro de niños vestidos de blanco entonan en versión
castellana el Victimae Paschali al tiempo que danzan con arcos.
A continuación se celebra la misa y,
al regresar la imagen al templo, una docena de chicas vestidas con
trajes típicos –la memoria popular recuerda cuando eran varones con
trajes multicolores y espadas-, ejecutan en el atrio la Danza das Areas
al ritmo de los golpes que ellas mismas dan con dos palos y acompañadas
de las gaitas que entonan una melodía tradicional.
Parece claro que en su forma actual la
representación de Fisterra no debe de ser anterior al siglo XX pero veo
muy probable que se trate de la pervivencia, retocada por las
intervenciones de sucesivos párrocos y organizadores, de un antiguo
drama cíclico de Pasión y Pascua. Hay quien ha datado en el siglo XI la
música de la Danza das Areas con la que concluye la procesión del Domingo de
Resurrección, fecha poco creíble para situar el origen de la
representación finisterrana, máxime cuando los estudios actuales tienden
a fechar la partitura de la Danza a finales del XVII o principios del XVIII. Sin
embargo, la fecha del Cristo de Fisterra, datado hacia 1320-30 con sólidos datos documentales y estilísticos, es incontrovertible y
hace pensar que el Auto de Fisterra
tenga su origen en
dicha centuria, lo que concuerda con las fechas de otros muchos Cristos
articulados y ceremonias del Desenclavo que, como hemos visto, fueron
conocidas en otros lugares de Galicia, incluyendo el área de Fisterra
donde tenemos documentadas representaciones de la Pasión en Muxía en el
siglo XVI
y todavía perviven
vestigios de Pasiones populares en Laxe
,
desprovista de
vestuario y escenografía, conservándose sólo los versos, transmitidos de
padres a hijos y recitados por los habitantes de la villa al paso de las
procesiones del Viernes Santo y el Domingo de Resurrección, y en Muros
,
donde solo se conserva la escenografía aérea de la Nube de la
Palomita.
Testimonio de la larga pervivencia de estas prácticas
dramáticas lo tenemos de nuevo en el arte en algunos cruceiros con
desencravo del siglo XIX (Hio, Eiroa, Berrimes, etc.) en los
que, como ya apuntó Castelao, el carácter de inmediatez, de cosa vista,
que tienen sus escenas –sin duda más evidente cuando lucían su
policromía original-, es síntoma de que sus autores conocían estas
ceremonias dramáticas que debieron de ser muy frecuentes en los atrios
de las iglesias gallegas [1]. Castelao no concreta más, pero un análisis
minucioso de las piezas muestra en efecto rasgos iconográficos que
parecen directamente inspirados en las ceremonias del Desenclavo. En el
de Hío, por ejemplo, los ángeles sostienen al pié de la cruz la cartela
del INRI y la corona de espinas, los primeros elementos que se retiraban
a los Cristos en los Desenclavos gallegos, y los brazos del crucificado
han sido desclavados pero no los pies ya que este era el último clavo
que se sacaba en las representaciones.
En Hío, Cristo cuelga de un sudario que pasa bajo sus axilas a modo de
soga que hace polea en los brazos de la cruz y permite bajar el cuerpo
lentamente, justo el procedimiento utilizado en las Pasiones y
Desenclavos, tanto gallegos como de otros lugares, para hacer descender
la figura de madera articulada. Todos estos rasgos aparecen reunidos en
las ceremonias del Desenclavo de Augasantas y de San Martín
de Verducido (Cotobade), ceremonias que pervivieron hasta el siglo XX y
que el autor del cruceiro, sea José o Ignacio Cerviño, ambos naturales de Cotobade, debió
sin duda de conocer.
Del mismo modo, la existencia de Calvarios con
tres cruces como los de Bueu (Pontevedra), Castro Barbudo (Ponte
Caldelas, Pontevedra), Quins (Melón, Ourense
) y Beade (Ourense
), este último dispuesto
teatralmente sobre un podio como fondo de un escenario arquitectónico
barroco cuidadosamente pensado para servir de marco a los ritos
dramáticos de la Semana Santa, invitan a pensar que las Pasiones y
Desenclavos debieron de estar ampliamente extendidos por Galicia en los
siglos XVIII-XIX.
___________________
[1] Hay quien ha
relacionado la iconografía de los cruceiros del Desenclavo
gallegos con los pasos procesionales castellanos, en concreto con el
Descendimiento de Gregorio Fernández (cf. CASTRO, Luis de, “Los
Cruceiros y el Descendimiento de Gregorio Fernández”, en: Diario
de Zamora de Falange Española de las J.O.N.S., año XVIII, nº 5283
(11/06/1953), p. 6), pero las similitudes también se
explican por la inspiración de ambos en las ceremonias del Desenclavo
que se hacían los Viernes Santos en las iglesias.
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Ángeles en el tímpano del Pórtico
de la Gloria llevando la cruz manu velata como los diáconos
en las ceremonias de la Adoratio crucis.

Cristo articulado utilizado en representaciones
del Descendimiento
Fisterra (A
Coruña, c. 1330)

Cristo articulado utilizado en representaciones
del Descendimiento
Museo Diocesano de Tui (c. 1340)

Auto de Fisterra, los soldados romanos
huyen al abrirse el sepulcro. (Foto en GONZALEZ REBOREDO (1997), p.
326)

Auto de Fisterra, diálogo entre las
Marías y el Ángel. (Foto en GONZALEZ REBOREDO (1997, p. 327).

Desenclavo de Cristo
en la iglesia parroquial de San Martiño de Moaña (Pontevedra). Foto por
cortesía del estudioso de la localidad, Manuel Uxío García Barreiro.

Deposición de Cristo. Relieve en el atrio de
la iglesia del Divino Salvador de Meis (Pontevedra) Siglo XVI

Cruceiro de Hio
(Cangas, Pontevedra, 1871-72)

Calvario de Beade
(Ourense,
1750)
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